Torneo Clausura

Instituto ganó por nocaut y encontró los golpes en los momentos justos

La Gloria fue superior a Talleres por planteo, funcionamiento e individualidades. Cerato y Lázaro aparecieron en momentos decisivos y el equipo de Alta Córdoba terminó quedándose con un clásico que tuvo espíritu de pelea.

20/09/2026 | 00:28

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Gustavo Gutiérrez

Gustavo Gutiérrez

Hay historias de noqueadores. Historias de esos boxeadores que, de pronto, eligen a qué lugar de la cara del rival le van a pegar para encontrar el golpe justo, en el momento justo.

Y eso hizo Instituto.

Tiraría rápidamente al sexto round las desprolijidades de la primera parte de la película, donde Instituto había tenido la situación más clara, aquella que Unsain sacó en una tajada. Después, nada por aquí, nada por allá. Golpe por aquí, golpe por allá.

También hubo cuestiones arbitrales que quedaron en el camino: la expulsión del nueve de Talleres fue correcta, mientras que hubo otras situaciones, como el codazo de Luna o una segunda amarilla que pudo haber correspondido a Alarcón, que no tuvieron la misma consecuencia.

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Pero dejemos la anécdota.

Hablemos de fútbol.

Y cuando hablamos de fútbol, Instituto fue superior a Talleres. Superior por planteo, por disposición táctica, por jugadores que rindieron por encima de lo que hicieron los futbolistas de Talleres que, en teoría, estaban para modificar el partido.

Tácticamente, Instituto fue superior. Individualmente, también tuvo a los mejores del partido.

¿Qué le faltó a Talleres? Saber cambiar.

Ese planteo inicial que dejó al partido en un estado de ni fu ni fa después no tuvo un plan B. Nunca tuvo un plan B. Mientras Instituto tenía la pelota y manejaba el partido, apareció el goleador. Ese que aparece siempre. El que mira al rival y le dice que está contra las cuerdas.

Eran dos boxeadores mañosos, que se agarraban y se pegaban poco, hasta que apareció Giuliano Cerato.

Fue un gesto técnico extraordinario. Por enésima vez, el centro. Y Cerato la agarró de volea, en el área, con el empeine. Golazo.

Instituto había encontrado el primer golpe.

Talleres no estaba todavía de nocaut, pero sí en estado de sopor. Y cuando uno de los boxeadores entra en ese estado, le da al rival la posibilidad de meterle otro piñazo.

Y se lo metió.

Pelota quieta. Luna. Una de las figuras del partido. Talleres dormido, en otra cosa. Luna le pegó directamente al arco y la pelota terminó encontrando el segundo palo.

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Entre Luna y Alarcón, Instituto volvió a golpear.

Otra vez la historia del nocaut.

Instituto eligió el lugar de la cara de Talleres y pegó.

Talleres demoró demasiado para modificar aquella línea de cinco del fondo. Gallar fue poquito, casi nada, salvo aquel pelotazo a Rick. Después empezó a equivocarse, como se equivocó Talleres durante buena parte del partido.

No supo cambiar.

No tuvo plan B.

Pero entonces apareció una equivocación de Maidana en el fondo de Instituto y ahí empezó otro partido.

Los dos se decidieron a jugar.

Talleres fue hacia adelante. Instituto siguió jugando, siguió intentando. Y en ese intento apareció Lázaro, la figura del partido.

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Se llevó la rastra de Schott y después le pegó de punta, como le pegaba Romario. Como diciendo: yo le pego así porque lo importante es que pegue y se meta adentro del arco.

Ahí Instituto terminó de cerrar un partido que había sabido manejar a partir de sus mejores individualidades y de una idea colectiva mucho más clara.

Por eso, cuando uno mira todo lo que pasó en Alta Córdoba, encuentra una sucesión de golpes. El piñazo de Cerato. El piñazo compartido de Luna y Alarcón. Y el piñazo de Lázaro.

Instituto supo elegir los momentos. Supo elegir dónde golpear.

Talleres tuvo oportunidades para reaccionar, pero demoró demasiado en cambiar, se equivocó y terminó pagando cada uno de esos errores.

Por eso, cuando uno mira la película completa, la conclusión aparece sola. Instituto fue superior por planteo, por funcionamiento y por individualidades. Y cuando tuvo que pegar, pegó.

No fue solamente una victoria. Instituto ganó el clásico.

Instituto ganó por nocaut.

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